Iniciativa para un congreso del cine español

29 de septiembre de 2014

Fue una noche brillante para el cine español. ¡Enhorabuena! Doblete de lujo para Magical Girl, dos premios a La isla mínima y el Zinemira para Negociador… Prueba de que pueden ser muy fértiles los tiempos de penuria. Celebración por todo lo alto.

La Concha de Oro para Magical Girl. Foto de Gari Garaialde

Pocas horas antes de conocerse el palmarés – el secreto se había mantenido mejor guardado que nunca –, en un local cercano al Kursaal perteneciente a una marca de cerveza, lo que le daba un aire de reunión clandestina a pesar de celebrarse a puerta abierta, tenía lugar el anunciado encuentro de cineastas que se proponen unir voces con el fin de tomar las riendas de cuanto es pertinente al quehacer del cine hoy y llamar a la celebración de un congreso.

Marichu Corugedo, como representante de la nueva Unión de Cineastas, de quienes partió la idea inicial para esta convocatoria,  proclamó que nadie de la industria ni de los agentes culturales quedará fuera de este llamamiento. Participaban como representantes Borja Cobeaga (DAMA), Adriana Hoyos (CIMA), Jorge Varela (ECAM), Kike Maíllo (ESCAC), Josetxo Cerdán (Universidad Carlos III de Madrid), Simón Peña (Universidad del País Vasco) y Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine. El director del Festival de San Sebastián, José Luis Rebordinos, fue de los primeros en expresar su opinión respecto a la iniciativa, que consideró “un diálogo sin exclusiones necesario, al que nadie debería negarse”

El cineasta Manuel Gutiérrez Aragón y la estudiante de la Universidad del País Vasco Naroa Gallego leyeron el manifiesto, del que extraemos un fragmento:

… Creemos que es fundamental impulsar de forma colectiva la celebración de un Congreso con el ánimo de que participen en él todas las instituciones, asociaciones y colectivos que de una u otra manera participan de la cultura del cine.

Queremos que la iniciativa que hoy presentamos se perciba como un gesto que aúne voces y fuerzas de la más variada procedencia, y creemos que el Congreso resultante debería abordar cuestiones tan fundamentales como la relación del cine español con su público, la educación, la piratería, las nuevas formas de consumo, la igualdad de género, las relaciones con las instituciones y el marco legal, las vías de producción, exhibición y distribución, la formación, la promoción y difusión dentro y fuera de nuestras fronteras o el lugar que ocupan los diferentes agentes implicados (técnicos, actores, directores, distribuidores, profesores, programadores…) en el nuevo contexto del cine digital en nuestro país. Sus conclusiones y recomendaciones deberían ser el punto de partida para una revitalización del cine español en su sentido más general, proyectando un modelo válido para los nuevos tiempos, que logre sacar al cine de la confrontación política y suponga el inicio de un reencuentro fructífero con la sociedad civil.

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La grande guerra de Monicelli

Nº 13, La Gran Guerra: La grande guerra de Monicelli

Se iba vaciando la sala en la que, entre bastidores, habían estado esperando su momento de escenario los protagonistas de la noche de inauguración mientras en el Kursaal fluía el espectáculo. Sentado con toda calma, al margen de la excitación del ambiente, un anciano de aspecto pulcro, enjuto y erguido seguía en su sitio aguardando que le llegara el turno. Se le veía solo, parecía algo desvalido, y tuve ganas de sentarme a su lado y darle la mano. No lo hice, quizás una pena. Cuando por fin vinieron a por él y vi en la pantalla que lo anunciaban en escena supe que ese hombre, al que yo no había reconocido, era el gran Mario Monicelli.

Estaba en San Sebastián con motivo de la retrospectiva dedicada a su cine, ese año 2008. Lo volví a ver por allí esos días, siempre solo, aislado en su sordera, supe luego. Mucho me conmovió dos escasos años más tarde saber que se había suicidado, dejándose caer desde un quinto piso por la ventana de la habitación de un hospital, a sus noventa y cinco años. Ahora que me propongo escribir unas líneas sobre la primera guerra mundial y su reflejo en el cine, me gusta dedicarle este pequeño homenaje recordando su peliculón de 1959, La Grande Guerra.

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Yvonne Blake. La inglesa

Enero-Febrero 2013

En 1968 llegué a Madrid con una minifalda tan mini, tan mini que el guardia civil que me atendió se quedó patidifuso… ¡Quién me iba a decir que 44 años después iba a estar en este hermoso festival de cine recibiendo tan maravillosa distinción!” En tono distendido y con mucho sentido del humor, ya Spanglish después de tan larga convivencia, Yvonne Blake daba las gracias “de todo corazón al jurado; y a la Academia, que ha sido, es y será mi segunda casa en Madrid, algo así como mi picadero. Me siento apreciada y aceptada por todos mis colegas de profesión, y más española que Agustina de Aragón.

El festival de cine en el que se hacía la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Cinematografía 2012 era el de San Sebastián – por el que Yvonne no había vuelto desde que formó parte de un memorable jurado oficial que resultó ser un luminoso encuentro. A la espera de que empezara el acto había estado yo cavilando sobre aquel jurado de 2001, pensando en que tres de sus siete componentes ya nunca volverían. El primero en irse había sido mi querido Eloy de la Iglesia, al que compartir ese trabajo de jurado con Claude Chabrol le dio luz para el breve resto de su vida. Nunca supo que al maestro le iba a fallar fatalmente su gran corazón al poco tiempo. Y recientemente, hace apenas unos meses, murió Giuseppe Bertolucci –. Con lo cual, la imagen de Yvonne, frágil bajo los apabullantes murales de Sert que nos rodeaban en el museo de San Telmo, se me hacía muy grande y muy viva.

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