La Calumnia: The Children’s Hour (1961), de William Wyler

22 de julio de 2014

The Children’s Hour fue el primer éxito de Lillian Hellman. Su estreno en el teatro levantó mucho revuelo y Hollywood compró los derechos sin esperar. Pero en los años 30 la trama de la obra de Hellman era sencillamente impensable para el cine: dos profesoras que han montado un internado para la educación de alumnas pre-adolescentes de familia bien son acusadas por una de las niñas de mantener una relación amorosa lésbica, lo que desencadena en escándalo, sufrimiento y tragedia. Reescrita para la gran pantalla, esa relación se convierte en un melodramático triángulo amoroso de dos mujeres y un hombre, que William Wyler filmó con el título de These Three (1934). Pero a Wyler le quedó la espinita, y con treinta años más –acababa de rodar Ben-Hur– se dispuso a ser más fiel a aquella obra de teatro y la filmó con el mismo título del original de Lillian Hellman,The Children’s Hour.

Con el Código Hays (1934-1967) perdiendo fuelle, en 1961 Wyler pudo contar cómo una calumnia desvela y emponzoña la relación de amistad y amor entre dos mujeres. Lillian Hellman colaboró en la adaptación y en la confección de los diálogos. Karen Wright (Audrey Hepburn) y Martha Dobie (Shirley MacLaine) son amigas desde la universidad. Después de graduarse, insatisfechas tras varios trabajos, han terminado por fundar juntas un colegio para niñas de la buena sociedad en una casona reconvertida en internado. Con ellas vive, para martirio de Martha, la señorita Lily Mortar (Miriam Hopkins), su tía y única pariente, siempre rememorando sus tiempos de actriz. En la casa es habitual la presencia del doctor Joe Cardin (James Garner), desde hace dos años novio de Karen, quien no se decide a casarse a pesar de la insistencia de él.

Mary Tilford (Karen Balkin, brillante en el papel de la odiosa niña malvada) a menudo es reprendida por su comportamiento difícil. En una de esas ocasiones se escapa de la escuela y, en su intento de que le permitan nunca más volver, le cuenta al oído a su abuela un “secreto” del que se ha enterado, algo que ni ella misma es capaz de abarcar, una palabra que los espectadores no oímos pero adivinamos porque la hemos visto generarse. La respetable señora Tilford (Fay Bainter), atónita por lo que ha escuchado, lo divulgará entre las familias de las alumnas, dando rienda suelta a la maledicencia y al rumor. La calumnia vertida por la inocente y malvada Mary con intención de hacer daño pero sin saber lo que se dice se amplifica a todos los confines de esa sociedad timorata y malpensada.

Las dos maestras no solo pierden el prestigio profesional. En el oleaje de tensión que trae consigo la nueva situación llega el descubrimiento de que tras la calumnia de Mary existía el trasfondo de unos sentimientos nunca antes reconocidos que elevan la complejidad del drama, al aflorar inesperadamente en una escena en la que Shirley MacLaine hace una actuación magistral. Exquisita también la de Audrey Hepburn que en su réplica parece preguntarse sin palabras qué es lo que la ha mantenido atada de ese modo al colegio, siempre posponiendo la boda con el doctor. La calumnia habla de esa clase de amor que no solo no puede ser nombrado, ni siquiera puede ser pensado.

William Wyler hace un alarde de maestría al mover y emplazar la cámara para filmar, en blanco y negro, la obra de teatro; ajusta el ritmo de la película a la trama original y consigue imágenes minuciosas de modo que tanto las protagonistas como los importantes personajes de reparto se nos vayan descubriendo. Wyler usa generosamente los primeros planos, hurgando en los rostros hasta obtener grandes trabajos de todas las actrices, incluida la niña Rosalie (breve pero extraordinaria Veronica Cartwright), compañera de Mary, a la que ésta chantajea sin piedad buscando apoyo para su calumnia. Intachable también el actor James Garner.

Finalmente, pasado el trágico desenlace, los espectadores sabremos mucho más que esa sociedad pacata que acabará buscando una mirada comprensiva que les absuelva la culpa de haber dejado crecer una calumnia que nunca sabrán que no lo fue del todo.

Anuncios

KACHKANIRAQMI, Espagnolas en París

26 de junio de 2014

“Existe en el quechua chanka un término sumamente expresivo y muy común; cuando un individuo quiere expresar que a pesar de todo aún es, que todavía existe, dice: ¡Katchkaniraqmi!” (José María Arguedas). De ahí el título del imponente documental de Javier Corcuera, Sigo siendo, que explora los mundos del Perú a través de la vida de los músicos en un recorrido rico en personajes y lugares con exquisito sonido directo. Sigo siendo se proyecta en Dífferent 7! L’autre cinéma espagnol, esta singular iniciativa que por séptimo año consecutivo pone en pie Espagnolas en París para incentivar el encuentro de distribuidores franceses con películas españolas y propiciar su distribución comercial en Francia, para lo cual invita a los cineastas a apoyar sus obras con su presencia.

Es el día de la música, París bulle de conciertos en rincones y plazas. Estamos al pie del Sacre Coeur de las postales, ahí mismo Pigalle y Montmartre. Al programar Dífferent 7! tuvieron en cuenta la fecha, de modo que las dos películas que se pasan hoy en la sala 2 del cine Louxor – Palais du cinéma tienen que ver con la música. La tarde ha arrancado con Serrat y Sabina, el símbolo y el cuate; no han venido los dos músicos pero sí el director del documental, Francesc Ralea, que se defiende en francés en un animado coloquio. Después de la proyección de Sigo siendo hay Pisco sour para todos y unos piques sabrosos, cortesía de una fiel seguidora que tiene en París un restaurante peruano. Aquí la generosidad es la norma. Ayer a estas horas terminaba el coloquio que siguió a la proyección de Todas las mujeres, con Mariano Barroso, Nathalie Poza y Eduard Fernández intercambiando impresiones y carcajadas con el público, la sala llena. Parece que el actor comentó que jamás había recibido un homenaje y –que no se diga– antes de esta misma proyección se le hizo uno bien merecido, que él agradeció con la humildad que le caracteriza. Más temprano se había visto El Rayo, con sus dos directores-guionistas Fran Araujo y Ernesto de Nova dicharacheros contando pormenores tras la proyección.

Siento tener que marcharme sin haber llegado al final de esta fiesta de seducción para distribuidores franceses, algunos de ellos presentes entre el nutrido público aficionado. Ya está aquí Manolo Martín Cuenca, director de Caníbal. No veré Os fenómenos de Alfonso Zarauza, The Blue Dress, el corto de Lewis-Martin Soucy, ni En ningún lugar, Don Luis Buñuel de Laurence Garret, ni Ignasi M. de Ventura Pons ni 10.000 Km. de Carlos Marques-Marcet. Clausurará Jaime Rosales con Hermosa juventud. Bonne chance a todos.

Inmersos en esta semana de películas, ya queda lejos Gente en sitios, esa curiosidad de Juan Cavestany que él mismo presentó hace tan solo cuatro días, y Un ramo de cactus de Pablo Llorca. La actriz Marian Álvarez estuvo apoyando La Herida la primera noche; por la tarde se había proyectado Con la pata quebrada de Diego Galán, que ya no busca distribución en Francia, puesto que precisamente se estrenaba ese mismo día en todo el país. Y es que este documental abrió el programa de la sexta edición de Dífferent! el año pasado…

Sorteando huelgas de trenes y revueltas de protesta en el mundo del espectáculo ha fluido Dífferent 7!, que inauguró el miércoles 18 de junio con una perla en absoluta primicia, un regalo que trajo de Madrid Esther García, productora de El Deseo: ocho minutos emocionantes de lo que va a ser Yo decido. El tren de la libertad. Pronto podrá verse completa en la web, que nadie se la pierda.