Milagro en Le Havre

Nº 14, La Emigración en el Cine

Lo lógico es que hubiera ocurrido en el Mediterráneo, a donde más emigrantes de Africa llegan buscando refugio. Pero como la lógica no tiene por qué tener que ver con el cine, según Aki Kaurismäki (Orimattila,  Finlandia, 1957), esta fábula de inmigrantes sucede en Le Havre, una ciudad totalmente singular con una luz milagrosa, a cuyo gran puerto industrial vienen barcos desde sitios remotos. De las bombas de los Aliados abriendo camino para el desembarco de Normandía se salvó un barrio de casuchas y callejones retorcidos al que se le compró una semana más de vida, con la excavadora esperando a que acabara el rodaje de esta joya del celuloide, cuya vida también pende de un hilo.

Marcel Marx y su colega Chang, han desplegado sus bártulos de limpiabotas y miran silenciosos el pase de pies de los pasajeros de un tren que acaba de llegar a la estación, casi todos ellos con zapatillas deportivas, mal asunto. Por fin hay un cliente convenientemente calzado, con pinta de gangster escapado de otra película; Marcel le lustra los zapatos. “Basta”. El cliente paga apresurado y lo perdemos de vista. Los dos volverán en busca de trabajo a la llegada del tren de la tarde.

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