El cine es grande. Samira y la Makhmalbaf Film House

Junio-Julio de 2013

Hay una foto colgada en la pared según se sube la escalera del Branka en la que estamos Pilar López de Ayala, Samira Makhmalbaf, de velo verdísimo, y yo con la anfitriona del restaurante. El color del velo que medio cubre la cabeza de Samira era el emblema del movimiento verde que entonces estaba creciendo como un fuerte oleaje de protesta contra el resultado sospechosamente fraudulento de las recientes elecciones en Irán. Era septiembre de 2009.

Un año antes la figura de Samira Makhmalbaf (Teheran, 1980), curiosamente etérea en esa negrura de pies a cabeza de mujer iraní, ágil como si casi ni pisara el suelo, salió al escenario para recibir el Premio del Jurado por “El caballo de dos piernas” (2008), una película durísima, dolorosamente metafórica, que había dirigido y rodado en Afganistán dando pruebas de que su aparente fragilidad era férrea, y con la que había hecho sufrir o por lo menos agitarse incómodos en sus butacas a casi todos. Con veintiocho años era veterana en premios especiales de jurados, había obtenido dos en Cannes en años anteriores. Tampoco sería aquel su primer jurado cuando el festival la invitara para su siguiente edición, ya había participado en varios, Cannes, Venecia y Berlín entre ellos. En el perfil que de ella sacaba la prensa se mencionaba siempre que The Guardian la había incluido entre los 40 mejores directores del mundo. La respaldaban muchos y brillantes reconocimientos.

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